domingo, 5 de octubre de 2008

Auge del español en Estados Unidos

Más 'speak spanish' que en España

EE UU ya es el segundo país en hispanohablantes –
En 2050 puede ser el primero, por delante de México –
Un informe del Cervantes retrata esta revolución idiomática

JESÚS RUIS MANTILLA - Madrid - 06/10/2008

Primero fueron los Estados fronterizos del sur, después las costas del Atlántico y el Pacífico, más tarde el interior... Hoy, Seattle, la ciudad grande más alejada de la frontera mexicana en Estados Unidos, cuenta con un 10% de hispanos. La oleada de la lengua castellana ha sido imparable por todas las esquinas de la primera potencia mundial. Tanto que ahora se sitúa en el límite de los 45 millones de hablantes censados, sin tener en cuenta la inmigración ilegal. Más que en España, según un ambicioso y contundente estudio llevado a cabo por el Instituto Cervantes. Se titula Enciclopedia del español en los Estados Unidos, será presentado el 13 de octubre y publicado en un solo volumen por Santillana.

Las conclusiones son asombrosas. No es sólo que EE UU ya sea la segunda potencia del español en el mundo después de México, con sus 106 millones de hablantes. Es también que en 2050 podría convertirse en la primera si alcanza los 132 millones de personas que tendrán como lengua materna el idioma de Cervantes. Ni triunfalismo ni megalomanía: se trata de datos fríos y objetivos que recoge la oficina del censo estadounidense en una nota oficial del pasado 14 de agosto. "Esas cifras se dan en el ámbito más pesimista", advierte Carmen Caffarel, directora del Instituto Cervantes.

Nada que pueda atajar un fenómeno que supera todas las previsiones. "Para los anglos blancos no sirven ni las leyes protectoras de algunos Estados que tratan de imponer el english only. Esto es imparable. No pueden hacer nada en contra. Más, cuando la ley que impera es la de un hombre un voto, y el voto hispano es determinante", comenta Humberto López Morales, puertorriqueño, experto en los fenómenos del español, que se ha encargado de coordinar el estudio desde su puesto de secretario de la asociación de las 22 academias de la lengua.

La tarea ha sido enorme. A lo largo de casi 1.300 páginas y en 80 artículos de fondo se aborda la salud del idioma desde perspectivas lingüísticas, sociológicas, culturales, en el ámbito del mundo de la comunicación, la economía, la demografía... Una historia que se analiza desde que todo empezó en 1492. Y una historia que aún no ha terminado. Es más, parecería que vive una prometedora y voraz adolescencia.

La fuerza, el empuje de toda una cultura latina con el idioma como referente básico puede dar un vuelco al equilibrio del país. Para empezar, parece romperse la famosa teoría del melting pot. "Es una de las conclusiones a las que ha llegado el mundo universitario con este fenómeno. Eso de que Estados Unidos era una gran mezcla de culturas que finalmente quedaban integradas en una especie de olla hirviente con lengua y cultura comunes, queda destruida en el caso de los hispanos", agrega López Morales. Sencillamente, conservan contra viento y marea sus señas de identidad.

Si ha sido así en tiempos difíciles, mucho más sencillo resulta ahora, cuando los hispanos ya no son la escoria de una sociedad dinámica. "Se han integrado y han escalado en todos los ámbitos. Hoy el grupo de cubanos está a sólo unas décimas de igualar a los anglos blancos en número de doctorados universitarios", comenta el coordinador.

Por no hablar de las empresas, donde cada vez más reclaman empleados bilingües -que pueden llegar a ganar 20.000 dólares más al año si dominan los dos idiomas-, o los medios de comunicación en español. Los grandes periódicos escritos en inglés insertan anuncios en la otra lengua. Las emisoras de radio se han duplicado en una década. Hoy se cuentan 550 en todo el país. Las cadenas de televisión, lo mismo. Existen 55, con un aumento del 70% en los últimos 10 años. "Para analizar rigurosamente el fenómeno del español en los medios haría falta una legión de sociolingüistas y expertos en inmigración", comenta Eduardo Lago, director del Instituto Cervantes de Nueva York. "Es una expansión espontánea y natural, las cifras que tratan de hacerle justicia quedan obsoletas muy pronto", añade.

Lago, sin embargo, alerta sobre un excesivo triunfalismo: "Hay muchos que sostienen que las siguientes generaciones lo irán eliminando, aunque es difícil pensarlo. Éste es un fenómeno que crece en progresión geométrica", comenta el también escritor, que acaba de publicar su segunda novela, Ladrón de mapas.

Aun así, si la tendencia espectacular sigue, Estados Unidos podría convertirse en el siglo XXI en un país con más hispanohablantes que angloparlantes. "El escritor Junot Díaz lo dijo, Estados Unidos es la zona cero de la lucha entre el inglés y el español. También comentaba que lamentablemente se percibe el crecimiento como una amenaza", asegura Lago.

Una lucha que queda entre dos. Porque el caso del estudio de otros idiomas como el francés o el alemán empieza a ser meramente testimonial. El español es la lengua preferida de los universitarios estadounidenses con 822.985 estudiantes en 2006. Saca una clarísima ventaja al francés (206.426) y al alemán (94.264).

Todos los datos indican que la realidad ha construido una parcela enorme para el espacio del español. Para la vida en español. Tanto que, según Lago, no podemos hablar de mundos aparte: "No hay que considerar a nuestro idioma como una lengua extranjera en los Estados Unidos. No lo ha sido nunca y ahora, no hace falta decirlo, lo es mucho menos".


Un paso adelante y dos atrás

Por más que se alerta, por más que surgen voces para concienciar sobre el imparable fenómeno del castellano en el mundo, parece que los Gobiernos españoles en esta materia dan un paso adelante y dos atrás. Si hay alguien que debería liderar ese fenómeno en todo el mundo es el Instituto Cervantes, pero los directores de dicho organismo se topan una y otra vez con la fría realidad de las cifras y con la incomprensión del auténtico potencial del español que muestran los encargados de los presupuestos.

La crisis va a afectar las previsiones del español. ¿No salta a la vista la evidencia de que debe ser una política de expansión prioritaria? Parece que no, porque para este año se han recortado drásticamente las previsiones de dinero. Habían solicitado un incremento del 12,5% sobre los 100,5 millones de euros de 2008. "Nos lo han rechazado en primera instancia y hemos tenido que rebajar a un 3%. Es un recorte importante. Un recorte que nos preocupa", asegura Caffarel.

Con esas migajas, poco van a poder aprovechar el crecimiento en Estados Unidos las autoridades españolas a través de ese artefacto de expansión cultural que puede y debe ser el Cervantes. No acaban de creerse su verdadero potencial. Las sedes en Nueva York, Alburquerque, Chicago y el aula de Seattle parecen más que insuficientes para intentar liderar una parte del fenómeno en marcha. Los planes son consolidar un centro en Seattle y abrir otro en San Francisco. No más. Caffarel tiene clara la estrategia para los años duros: "Donde no hay dinero, hay imaginación", apunta. ¿Será suficiente o perderemos el tren?

La caja tonta es la más lista

La caja tonta es más lista
ALEX MARTÍNEZ ROIG El País, 05/10/2008


La ficción televisiva vive su época dorada. 'Los Soprano', 'Perdidos', 'Mad Men'... Las series de calidad muestran la mejor narrativa que se hace en el mundo. Ésta es la historia de cómo un electrodoméstico denostado cautivó al mejor talento creativo.

¿Quiere usted disfrutar de una buena historia? Cierre el libro, póngase cómodo y encienda la televisión. Sí, la televisión. "Ésta es una edad dorada de la televisión", dice Concepción Cascajosa, profesora de comunicación audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid, "nunca ha habido tantas series de calidad". "¿Edad de oro en la televisión? Sí, en el cable", titulaba The New York Times un artículo reciente. Escritores como Carlos Ruiz Zafón, Juan José Millás, o incluso George Steiner en una reciente entrevista en El País Semanal, coinciden en que si Shakespeare viviera hoy estaría escribiendo guiones para series de televisión. "Las series son en el siglo XXI lo que fue la gran novela del siglo XIX", dice Millás. "Nos entregamos a ellas no porque sean entretenidas (eso es un valor añadido o una coartada), sino por la información que nos dan acerca del mundo en que vivimos".

"Sin duda, Dumas, Shakespeare o Dickens estarían trabajando en televisión", apunta Ruiz Zafón. "Gente como Aaron Sorkin (El ala oeste de la Casa Blanca), David Chase (Los Soprano), Alan Ball (A dos metros bajo tierra y True Blood), David Milch (Deadwood), David Shore (House) probablemente producen, mal que les pese a muchos, buena parte de la mejor narrativa que se hace en el mundo. Es irónico que sea en la televisión, que a menudo es el escaparate de lo peor que tiene que ofrecer el sistema, donde están apareciendo las mejores propuestas de creación dramática", concluye el autor de La sombra del viento. "Dickens publicaba sus novelas por entregas. Lo mismo hacía Alejandro Dumas con sus historias de aventuras", explica Concepción Cascajosa. "El público las esperaba con pasión cada semana, como ahora las series en televisión".
La confirmación llegó el pasado 21 de septiembre, cuando Mad Men, una serie emitida en EE ?UU por AMC (en España la ofrece Canal +, que la reestrenará el 15 de noviembre) ganó el premio Emmy a la mejor serie del año. Mad Men ya está considerada como la heredera de Los Soprano, y todos la señalan como la gran serie de culto del momento. Un retrato de la América de los sesenta a través de un grupo de publicitarios y sus familias, con personajes fascinantes cuya complejidad va apareciendo poco a poco. Matthew Weiner, el creador de la serie y antiguo guionista en Los Soprano, tiene muy claro lo que pretende: "Quiero que cuando un espectador se siente a ver Mad Men esté seguro de haber apagado el teléfono y de que los niños no le van a interrumpir. Quiero que la gente se meta a fondo en la historia, y que se la tome en serio".
¿Qué ha sucedido para que esta fórmula creativa haya emergido con tanta fuerza y se haya convertido en una avalancha de talento literario-visual?


Una conjunción de acontecimientos. El mercado televisivo estadounidense aún es muy distinto al europeo. La competencia es feroz entre decenas de cadenas con recursos económicos. Las llamadas networks (las grandes cadenas generalistas) sólo concentran el 45% de la audiencia televisiva en Estados Unidos. El otro 55% se lo reparten los canales básicos (incluyen publicidad, aunque están en plataformas de pago) o los canales premium (no tienen publicidad), en un universo ya de 100 millones de hogares que reciben canales de suscripción.

Doctor House. Su problema es muy grave. Su mujer le pone cuernos.

Paciente. ¿Qué?

Doctor House. Está usted naranja, imbécil. Y que usted no se dé cuenta, pase. Pero si su mujer tampoco ve que su marido ha cambiado de color, es una mala señal. Búsquese un abogado.
('House')


Las grandes cadenas generalistas necesitan productos que les den audiencias masivas. Están en una búsqueda continua del próximo bombazo. El mayor éxito actual, American Idol (una variante de Operación Triunfo), tiene 28,8 millones de espectadores de audiencia. Por el contrario, los productos de las cadenas de suscripción son rentables con sólo dos o tres millones de espectadores. Las grandes cadenas (ABC, NBC, CBS, Fox) se defienden con fórmulas brillantes y muy seguras, pero que están obligadas a replicar para contener gastos y arriesgar menos en sus inversiones. De ahí nacen franquicias (las tres versiones de CSI) donde las historias son intercambiables y las audiencias no dan sorpresas. Y se producen más realities que nunca: son infinitamente más baratos.

?Deberías dejar de llamar a esto "guerra contra el narcotráfico".

?¿Por qué? ¿No te parece una guerra?

?No. Las guerras se acaban. ('The Wire')

Los nichos de espectadores se están convirtiendo en la nueva realidad de los medios de comunicación. Como las grandes cadenas venden audiencias a los anunciantes, necesitan shows o series que dejen satisfechos a todos los espectadores, de todas las edades, todos los sexos y todas las categorías sociales. Y eso cada vez es más difícil, porque cada uno de esos nichos sociales está encontrando productos hechos a su medida. Los canales de suscripción no necesitan audiencias, sino clientes leales que paguen cada mes. Pueden dedicarse a buscar el producto ideal de un espectador, el suyo. Eso permite dar más espacio a la creatividad, al talento y al riesgo. Y el resultado, en un año marcado por la huelga de guionistas, es que en los premios Emmy, los Oscar de televisión, Mad Men logró el premio a mejor serie, y Matthew Weiner, su creador, el de mejor director.

Como motor de este movimiento aparece la fórmula HBO, que en los años ochenta decidió apostar por las series de autor. "Gente como David Chase (creador de Los Soprano y antes de Doctor en Alaska) vino a vernos, y fuimos tan inteligentes como para decir que sí", explicó Richard Pleper, copresidente de HBO, en una reunión mantenida en Nueva York con representantes de medios y televisiones europeos. "Estos creadores conectaron con la gente. El éxito para nosotros no está en las audiencias. El éxito en HBO es satisfacer emocionalmente a nuestros clientes, y que eso les lleve a seguir pagando cada mes".

El artífice de esa revolución fue Chris Albrecht, presidente de HBO hasta mayo de 2007, que apostó por Los Soprano, Sexo en Nueva York, A dos metros bajo tierra o The Wire. Según Albrecht, las cuatro razones del éxito de HBO son: "1. No hagas caso de lo que digan los estudios de mercado, sino de tu criterio; 2. Sé original; 3. Respeta la inteligencia de tu audiencia. 4. Los valores de HBO son literarios; cultiva el talento, la libertad creativa y atrae a los mejores".

HBO atrajo a los mejores y también atrajo a los espectadores. Hoy tiene 40 millones de suscriptores seducidos "por la idea de pertenecer a un club que es capaz de apostar por Los Soprano". Un club en el que, como reconoció Richard Pleper, "dos de cada tres clientes no veían Los Soprano, sino cine, boxeo, documentales u otros programas".

"La clave está en nuestro lema: It's not TV, it's HBO [No es televisión, es HBO]", explicó en el mismo encuentro en Nueva York Eric Kessler, el otro copresidente de la compañía. "No es publicidad. Es nuestro ADN, nuestra filosofía. Todos los meses debemos convencer a nuestros suscriptores de que seguimos defendiéndola y de que vale la pena seguir con nosotros". "Somos una voz insurgente", dijo Richard Pleper, "y estamos obligados a trabajar buscando siempre la máxima originalidad y riesgo".

Tony Soprano. Tengo 46 años y no sé ni quién soy ni adónde voy. ('Los Soprano')

Los Soprano fue el vehículo de la revolución de HBO, aunque la renovación y el riesgo creativo se había fraguado en los ochenta y los noventa en las televisiones generalistas con los productos de la productora MTM. Primero, con las historias del periodista Lou Grant; luego, con tres series producidas por Steven Bochco: Canción triste de Hill Street, La ley de Los Ángeles y Policías de Nueva York, y con otras como Luz de luna, Treinta y tantos u Hospital. Se rompieron las reglas. Las historias tenían diálogos muy trabajados, subtramas, memoria, multitud de protagonistas, luz oscura y cámara en movimiento continuo. "Lo curioso es que ninguna tuvo éxito de audiencia", explica Cascajosa. "Fueron los críticos y los premios los que las mantuvieron con vida".

Los dramas de HBO se caracterizan por la hibridación de géneros, los actores poco conocidos y la búsqueda de lo no convencional. Los Soprano llegó a concentrar a más de 13,5 millones de espectadores en la noche del domingo y es un best-seller en ventas en DVD desde hace años. David Chase, su creador, siempre ha defendido la importancia del misterio, de la ambigüedad moral, de las acciones no resueltas, del realismo de los planos largos frente al nervio de la cámara al hombro. Chase disfruta con las largas sesiones de terapia, con los diálogos mentirosos de la banda, con la peculiar relación del jefe con su familia.

HBO cambió las reglas del juego. Apostó por la figura del productor ejecutivo surgido de las filas de los guionistas y le dio total libertad. Alan Ball, creador de A dos metros bajo tierra, recuerda que, cuando presentó el proyecto, la respuesta de HBO es que tenía que ser mucho más radical en sus guiones. No se lo podía creer. En el documental Hollywood, el reino de las series, de la cadena francesa Arte, la cámara recorre el plató de rodaje de una serie. La silla del director está en un rincón, junto a otras. El creador-guionista-productor ejecutivo está en una mesa, en el centro de la sala, corrigiendo textos; hablando con los actores, con los técnicos y con el propio director, contratado únicamente para ese episodio. El centro del poder está en el escritor, no en el director, y ésa es la gran revolución que se ha consumado en la ficción televisiva.

En el mismo documental, la cámara asiste a una reunión de los cuatro guionistas de The Shield, una serie cargada de violencia física y verbal. Shawn Ryan, creador y productor ejecutivo de la serie, es el que lleva la voz cantante, mientras las dos mujeres de su equipo van lanzando, con voz neutra y monocorde de forense, ideas de humillaciones salvajes que ponen los pelos de punta. El cuarto miembro del equipo, un cincuentón con gorra de skater, va colocando morcillas irónicas mientras lanza las cartas en un solitario compulsivo. En decenas de salas impersonales, grises, similares, se están escribiendo en estos momentos historias que millones de espectadores de todo el mundo devorarán en la pequeña pantalla.

En las cadenas generalistas, el camino ha ido en paralelo, y además con éxitos de público masivos. Aaron Sorkin fue capaz de meter en un cajón el primer capítulo de la temporada 2001 de El ala oeste de la Casa Blanca para escribir, rodar y emitir, apenas dos semanas después del 11-S, una nueva historia sobre un ataque terrorista contra Estados Unidos. Perdidos, 24, House, Prison break, Mujeres desesperadas o Anatomía de Grey son series que exigen lealtad y compromiso de los espectadores. Todas ellas están creando generaciones entrenadas para sentarse frente al televisor para atrapar relatos complejos. "¿Qué joven piensa en escribir hoy día Guerra y paz?", se pregunta el escritor Juan José Millás. "Lo lógico es que quisiera hacer Los Simpson o Perdidos".

Miles. ¿Estás seguro de que no hay vida inteligente en otros planetas?

Frasier. No estoy seguro de que haya vida inteligente en esta cocina. ('Frasier')

La gran asignatura pendiente es el humor. Las comedias de 30 minutos (Seinfield, Friends, Frasier, Sexo en Nueva York) de los noventa marcaron un cénit que no se ha vuelto a alcanzar. Sólo resiste Los Simpson, que lleva 20 años defendiendo y educando a jóvenes con la peculiar filosofía de Homer Simpson -"cuando lo intentas y fracasas, la lección es: nunca lo intentes"-.
El modelo HBO fue estudiado con lupa por sus competidores. Y todas las cadenas se pusieron a trabajar para dar respuesta. Ahí llega la explosión de talento que estamos disfrutando. HBO cruzó una delgada línea y dejó de conectar con la gente. Terminaron sus grandes éxitos (Sexo en Nueva York, Los Soprano, A dos metros...) y no fue capaz de llenar el vacío en un nivel tan exigente. Sus nuevas apuestas "no conectaron con la gente".


La brillante etapa se cerró en un parking de Las Vegas, cuando, a la salida de un combate de boxeo que transmitía su cadena, el presidente Chris Albrecht golpeó a su novia. Fue despedido, e incluso en un comunicado interno reconoció que tenía problemas con el alcohol. Un año después partía Carolyn Strauss, su mano derecha durante 15 años en el departamento de ficción. Fue sustituida por Sue Naegle, de 38 años, que trabajaba como agente de talentos. "Una mirada fresca puede revigorizar HBO", dijo en un comunicado Richard Pleper. Sue Naegle fue recibida con este titular de The New York Times: "Menos psiquiatras y más sexo", refiriéndose a los dos últimos lanzamientos de HBO: Tell me you love me (serie sobre crisis de parejas) y En tratamiento (diálogos entre un psiquiatra y sus pacientes, basada en una serie israelí).
Aunque HBO mantiene un buen músculo creativo (su miniserie John Adams arrasó en los premios Emmy), la competencia ha aprovechado la oportunidad. TNT emite The Closer, la serie más vista fuera de las grandes cadenas (6,5 millones de espectadores), y anuncia cuatro lanzamientos más para esta temporada. Pero sobre todo está creciendo la reputación de Showtime: Weeds (una vendedora de marihuana en un barrio de clase media-alta), Dexter (un forense que castiga a los "malos"), Californication (un escritor en crisis y adicto al sexo), L (un grupo de lesbianas de Los Ángeles), Los Tudor (la vida de Enrique VIII sin límites en escenas de sexo y violencia), forman un paquete comercial y de éxito.


El éxito y la proliferación de series de calidad tiene, como siempre en Estados Unidos, un fundamento económico. Se producen más porque son rentables. Sirven para colocar a los canales pequeños en un mapa televisivo extremadamente competitivo. El modelo de Showtime y otras cadenas se basa en tres objetivos: 1. La serie tiene que crear expectación; 2. Tiene que ayudar a la construcción de marca de la cadena y estar enfocada al target de espectador que se busca; 3. Tiene que empujar al éxito al resto de los productos de la cadena.

Samantha. Me encanta el aspecto que tengo.

Miranda. No me extraña. Has pagado una fortuna por él. ('Sexo en Nueva York')

El caso más reciente y espectacular es el del canal AMC. Especializado en películas clásicas americanas, los gestores de AMC decidieron abandonar el territorio conservador de las películas de los cuarenta y cincuenta y se lanzaron a la producción de una serie de autor. "Apostamos por la calidad antes que por un producto masivo", dice su presidente, Ed Carroll. "No hay duda de que acertamos". Eligieron Mad Men, un proyecto de Matthew Weiner (ex guionista de Los Soprano) que HBO había rechazado siete años antes. La historia se centra en una agencia de publicidad de Madison Avenue, en Nueva York, a principios de los años sesenta. Tramas complejas que van creciendo (y enganchando), tratamiento exquisito de los escenarios y del vestuario, y una influencia cada vez mayor en la historia de las mujeres (secretarias, esposas, amantes) que aún vivían bajo el yugo de una sociedad racista y ultrasexista, donde el tabaco y el alcohol eran omnipresentes.

El deslizamiento estratégico de AMC desde el cine clásico hasta una serie ubicada en los sesenta fue muy sutil. La estética de Mad Men recuerda la de El apartamento, de Billy Wilder, o El hombre del traje gris, dos iconos de la cultura cinematográfica americana. La serie fue vista por apenas 900.000 espectadores en su primer año. Pero se cumplió el objetivo: el éxito de crítica ha sido brutal. Mad Men ha ganado el Globo de Oro y el Emmy como mejor serie del año. Ninguna serie de pago había tenido un éxito tan fulgurante en su primera temporada. La cadena AMC ha invertido 25 millones de dólares en el lanzamiento de la segunda temporada (dos millones de espectadores en el estreno del primer capítulo) y está consiguiendo situar a Mad Men como heredera de Los Soprano como referente cultural en la televisión estadounidense.

?Le presento a Don Draper, el mejor director director creativo de Nueva York.

Draper. Bueno, por lo menos el mejor del edificio. Encantado...

?Soy Rachel Menken (hija del dueño de los almacenes Menken).

Draper. Lo siento, esperaba....

R. Menken. ¿Que fuera un hombre? Mi padre esperaba lo mismo. ('Mad Men')

El talento ya no está restringido a los escritores-guionistas, ahora también los actores quieren estar en televisión. El premio Emmy a mejor actriz del año fue para Glenn Close (Daños y perjuicios, otra serie de un canal de pago), y las finalistas, Sally Field (Cinco hermanos, ganadora de dos Oscar y de dos Globos de Oro), Holly Hunter (Saving Grace, un Oscar y un Globo de Oro), Kyra Sedgwick (The Closer, un Globo de Oro) y Marisma Hartigan (Ley y orden, un Globo de Oro).

La revista Time defiende que el trasvase de talento tiene que ver con la falta de papeles de calidad para las mujeres adultas en la actual industria del cine, pero sobre todo a que ellas son "los nuevos antihéroes" del siglo XXI. Glenn Close, en la promoción de la serie Damages (Daños y perjuicios), explicó: "No hay una gran diferencia entre rodar para la televisión y el cine. La única es la velocidad". Su compañero en la serie, Ted Danson (ex Cheers), fue más directo: "No existen papeles tan intensos en el cine. En las películas de 100 millones de dólares, la inversión no está en el guión, sino en los efectos especiales y en el marketing. El talento de los guionistas se ha trasladado a la televisión".

Los proyectos que se anuncian auguran que la calidad va a seguir creciendo. AMC ha encargado el piloto de una nueva serie basada en La conversación, que dirigió Francis Ford Coppola en los años setenta. Showtime ha pactados proyectos con gente con tanto talento como el productor Steven Spielberg, la guionista Diablo Cody (Juno) o la actriz Edie Falco (la esposa de Tony Soprano). HBO también ha lanzado nuevas ideas para recuperar cuanto antes el trono, y prepara una miniserie sobre la guerra en el Pacífico, con Spielberg y Hanks; una serie sobre el nacimiento del crimen organizado en Atlantic City, con Martin Scorsese, y otra sobre la vida sexual en el mundo político de Washington, con Sarah Jessica Parker (Sexo en Nueva York) como productora.

Uno de los creadores con más trabajo es J. J. Abrams. Sigue adelante con Perdidos (cuyo final llegará en 2010), trabaja en la producción de dos películas (Star Trek y la secuela de Transformers) y ha estrenado una nueva serie, Fringe. Abrams pretende crear un cruce de géneros que incluya virtudes de Expediente X, pero también de franquicias de éxito como CSI o Ley y orden. Abrams quiere que en cada capítulo se resuelva un misterio, sugiriendo una trama compleja, pero que sea comprensible y fácil de seguir. "Estoy harto de que me digan que les encantan mis series, pero acaban dejándolas de ver porque se sienten confundidos si se pierden un capítulo", dijo Abrams al presentar Fringe.

Cabo Pearsons. Como el gran poeta guerrero Ice Cube dijo una vez, "si un día no necesito usar mi AK47 es que es un buen día".

('Generation Kill')

'Generation Kill' y True Blood forman la proa de la nueva apuesta de HBO, que acaba de estrenarlas este verano. La primera, una miniserie, está dirigida por David Simon (The Wire) y está basada en un libro del periodista Evan Wright, de Rolling Stone, que entró en Irak con uno de los primeros pelotones del ejército de Estados Unidos: "24 hombres Alfa entrenados para la violencia extrema". David Simon se ha atrevido a definir a The Wire como "una novela visual", y Generation Kill sigue el mismo esquema de realismo radical donde los personajes se describen sin dobleces ni moralinas. "Si envías a unos tipos entrenados para matar, no esperes que luego se conviertan en guardias de tráfico", dice Simon.

La firma de Alan Ball (ganador de un Oscar por el guión de American beauty), en su primer trabajo después de A dos metros bajo tierra, convirtió en un acontecimiento el reciente estreno de la serie True Blood, basada en la serie de novelas sobre vampiros de Charlaine Harris. En un futuro no muy lejano, los vampiros salen de sus féretros y ya no necesitan sangre humana para alimentarse, gracias a la sangre sintética elaborada en laboratorios japoneses. Anna Paquin (Oscar por El piano, XMen) es una camarera con poderes para leer mentes, y se enamora de un vampiro. "Es romántica, sexy, terrorífica, con mucho humor negro", ha explicado Alan Ball. "La serie es una metáfora de la vida real. Las cosas no son como parecen. Los hombres son a veces más peligrosos que los vampiros".

La campaña de marketing de True Blood y de las series actuales está alcanzando niveles extraordinarios: otro punto clave para entender el fenómeno. HBO lleva en campaña desde mayo, cinco meses antes del estreno de la serie, sobre todo en la Red. Ha emitido falsos documentales sobre vampiros. Ha creado perfiles en redes sociales como Facebook o MySpace, y abierto páginas de Internet para ligues entre vampiros y humanos (www.lovebitten.net) y para una organización ultra que persigue a los vampiros (www.bloodcopy.com). Ha creado (y publicitado, sin referencias a la serie) una bebida de sangre sintética (Tru Blood) y ha empapelado todas las grandes ciudades de EE? UU con el lema: "Los amigos no dejan a los amigos beberse a los amigos".

Bart. ¡Maldita televisión! Ha arruinado mi imaginación y mi habilidad para uuhhh, para ummm, bueno, eehhh, ya sabes...

('Los Simpson')

Hay mucho dinero en juego. Hay miles de opciones todas las noches. Y sobrevivir en ese mundo es cada vez más complicado. "Nadie triunfa jugando a conservador", escribió Variety, la biblia de Hollywood. El negocio en Estados Unidos es lo que más importa. Las cadenas generalistas pierden cuota, pero la están ganando canales por suscripción que pertenecen a las mismas macroempresas.

Las reglas han cambiado, y donde más se visualiza es en Hollywood. Las películas nacen desde planes de marketing que pretenden atraer en muy poco tiempo a millones de espectadores, sobre todo a los adolescentes. Su lenguaje tiene que ser directo, sencillo, espectacular, grandioso. Se juegan mucho en el primer fin de semana, y llegan a gastar el 30% del presupuesto de una película en marketing (hasta el récord de Cars, 53 millones de dólares). Siempre habrá lugar para las películas adultas, pero los guionistas capaces de hacerlas tienen un sueldo más apetecible y un trabajo más continuado en el creciente mercado televisivo.

La televisión ensaya, arriesga, corrige, emociona, entretiene... Entra en nuevos territorios narrativos y tecnológicos. La fórmula de hacer crecer los personajes a lo largo del tiempo, con toda la complejidad narrativa que antes se limitaba a las grandes novelas, ha funcionado. En realidad, la actual ficción de televisión es heredera del mejor cine de autor y de la mejor escritura. Sólo que ha invadido otro medio aún más masivo.

"El escritor y director de cine Gonzalo Suárez lo expresaba muy bien cuando decía que quería utilizar la cámara como un bolígrafo", explica Juan José Millás. "Hoy, gracias a los adelantos tecnológicos, eso ha dejado de ser una metáfora. Las cámaras tienen casi el tamaño de un bolígrafo y escriben con la misma agilidad". Estamos en un momento-frontera (un pie en el mundo antiguo y otro en el nuevo) apasionante desde el punto de vista narrativo. "Hace unos años", opina Concepción Cascajosa, "la imagen de la televisión como medio de comunicación era deplorable. Eso ha cambiado quizá para siempre".

P Alex Martínez Roig es director de contenidos
de Digital+.


'HOUSE'

LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD

Por José Manuel Sánchez Ron

Al igual que en la actualidad las ciencias biomédicas ocupan, por su pujanza, un lugar central en el universo científico, también protagonizan esas disciplinas varias de las series de televisión de más éxito: House, CSI y Bones. Ahora bien, nada puede atraer grandes audiencias manejando únicamente profesiones, ideas y técnicas; son necesarias las personas, los Grissom, Temperance Brennan, Seeley Booth o Gregory House. Me gusta la precisión y la coherencia como equipo investigador del grupo del CSI comandado por Greesom. Y la infrecuente asociación de la doctora Brennan (Huesos) -pura lógica y conocimientos bajo un caparazón humano- con el mundano inspector Booth. Pero en el fondo prefiero al muy imperfecto -es egocéntrico, despótico, maleducado, machista y no para de tomar analgésicos- doctor House. Una vez que dejan el escenario del crimen, las investigaciones del grupo del CSI son demasiado limpias. Sus laboratorios y despachos son inmaculados, como el propio Grissom. Me resisto, por otra parte, a aceptar -¡en la era del ADN!- que el elemento central de una investigación forense sean los huesos que estudia el equipo de la doctora Brennan.

Por el contrario, House se mueve en un territorio diferente. En primer lugar, su mundo es el de la vida, no el de la muerte; busca remedios para salvar vidas, no identificar criminales, aunque, es cierto, éstos se busquen también para evitar que cercenen más vidas. Y yo prefiero la vida a la muerte. En segundo lugar, es un clínico de primera; de esos que se hacen una idea de cuál es tu problema con sólo verte. Y también es un científico extraordinario; demasiado bueno, naturalmente, para ser real. Pero en su búsqueda de soluciones para casos imposibles necesita de otros. Se mueve, con toda su insolencia y desprecio a las normas, en el territorio del diálogo socrático. Por eso necesita ayudantes a su lado. Es instructivo, aunque pensemos que no es creíble, contemplar en acción lo que es la esencia del método científico: identificar los elementos que intervienen en el problema, ver cuáles son los hechos -"los hechos no mienten; los enfermos, sí", dice House-, para a continuación introducir hipótesis que puedan explicar lo que sucede, y finalmente comprobarlas actuando, dominio en el que House está dispuesto a tomar todos los riesgos y a saltarse todas las prohibiciones que haga falta.

Se dirá que House tiene tantos defectos que cómo se le puede admirar, ya no querer. Pues se puede, aunque no podamos aceptar todo lo que hace. Sus ayudantes -extremadamente inteligentes-, Foreman, Cameron y Chase, le admiran, y, como mínimo, Cameron, su sufrida jefa, Lisa Cussy, y el oncólogo James Wilson, que saben ver el fondo de su atormentada personalidad, le quieren. Es difícil y exige mucha paciencia ver ese fondo, pero los guionistas han dejado a lo largo de la serie algunas huellas de él. Mi favorita es cuando House le dice a Allison Cameron, después de que ésta ha ayudado a buen morir a un paciente terminal: "Estoy orgulloso de ti". No tanto, pienso yo, porque hubiese hecho lo que ha hecho, sino porque ha hecho lo que creía que había que hacer, lo que era para ella más humanamente compasivo.

Y cuando sus tres ayudantes le dejan o les despide, hay cola y una dura batalla para ocupar sus puestos. ¿Por qué, si saben que les va a maltratar? Muy sencillo: porque es muy bueno en su profesión.

Que la inteligencia se reconozca, que se valore y quiera participar en la búsqueda de la verdad es algo que, al menos a mí, me reconforta.

'PERDIDOS'

ENTRE EL SUEÑO Y LA VIGILIA

Por Juan José Millás

Me he convertido en un espectador de series de televisión en un proceso semejante al que en otra época de mi vida me convertí en lector. Ambos placeres tienen puntos en común. Así, del mismo modo que entonces leía a escondidas (y a menudo contra alguien), ahora veo las series a horas que no son, rompiendo mi propia disciplina de trabajo, como el que empieza a beber al mediodía. Una de las grandes ventajas del portátil es que tiene la maniobrabilidad de un libro. Algunos días, a media mañana, hora en la que debía estar escribiendo un artículo, pergeñando una novela o preparando una conferencia, tomo un disco de Perdidos, lo introduzco en el ordenador, me coloco los cascos y caigo en ese espacio moral llamado isla con un delirio semejante al que en la adolescencia me hundía en las páginas de los libros de aventuras.
Ver una serie de televisión a deshoras proporciona casi el mismo placer que leer un libro en la clandestinidad. Ese tiempo secreto, íntimo, furtivo, queda marcado para siempre como algo soñado. En el caso de Perdidos, el sueño es doble, pues ninguna otra serie, desde la célebre Twin Peaks, había poseído una carga onírica tan penetrante. Los personajes se mueven entre el sueño y la vigilia de tal modo que a veces no es posible saber en qué territorio se encuentran. El propio espectador tiene la sensación de despertar cada vez que termina un capítulo. Hay días cuyas horas giran en torno al momento en el que me asomaré a escondidas a un nuevo capítulo de Perdidos.


Un amigo que conoce esta debilidad me confesó hace poco que estaba preocupado por un hijo suyo que ha visto tres o cuatro veces Los Soprano, otras tres o cuatro los capítulos disponibles de Perdidos y que en la actualidad está enganchado a Mad Men. Le pregunté si estaría igual de angustiado si su hijo hubiera leído siete veces Madame Bovary y me dijo que no era lo mismo.

Llevaba razón:

la afición a las series no ha alcanzado todavía el grado de respetabilidad de la lectura. Es uno de sus encantos. Supongo que resulta muy difícil para un joven leer La Regenta en contra de alguien, pero aún puede ver compulsivamente Los Soprano o Perdidos en contra de sus padres, quizá en contra de sus profesores y, desde luego, en contra de la programación escolar. Personalmente, como no tengo contra quién rebelarme, las veo contra mí mismo, cuando debía estar haciendo otra cosa. Total, que le he dicho a mi amigo que no se agobie, porque al final, si uno es perseverante, acaba viviendo de hacer lo que no debe.

'MAD MEN'. REFLEJOS DEL PASADO

Por Maruja Torres

Matthew Weiner es un confeso discípulo de Alfred Hitchcock. Sabe que no se puede narrar bien sin utilizar el suspense. Mad Men, su última creación, no maneja -por ahora- otros delitos y faltas que los de la conciencia, pero produce tanta adicción como Los Soprano, la obra maestra referencial -en la que Weiner también participó- de todo aficionado que se aprecie y se mime viendo buenos productos televisivos.

A mí me parece que la trama de Mad Men se desarrolla precisamente en los escenarios que un personaje de Hitchcock, el publicista Roger Thornhill (Gary Grant), abandona al principio de Con la muerte en los talones (1959) para sufrir la fascinante pesadilla de ser confundido con un agente secreto. Si en esa secuencia, Cary hubiera regresado a la oficina, tras darse una palmada en la frente

-"¡es mejor que vuelva para preparar la campaña de Kodak!", habría dicho-, y se hubiera metido de nuevo en el ascensor, el espectador de cine habría perdido una joya del suspense y, posiblemente, el propio Weiner un motivo de inspiración para esta serie.

No es casual que Jon Hamm -un estupendo actor desconocido, provisto de un magnetismo sexual de hondo calado- encarne al protagonista, Don Draper, utilizando el mismo aplomo que Grant. A fin de cuentas, en los dos casos nos encontramos ante una suplantación de personalidad, pero en el de Draper resulta más inquietante porque es él quien ha matado al hombre que fue en el pasado, y que no quiso ser. El misterio más turbador, de los muchos que plantea Mad Men capítulo tras capítulo, radica en que no conocemos gran cosa de ese pasado, pero ciertamente sabemos que no sería quien es si no actuase siempre contra su recuerdo.

Empezar de nuevo, ser otro, conquistar una nueva vida. El gran tema narrativo made in USA se funde aquí con la perfecta representación de lo soñado: la publicidad en su más dorada época, en la eclosión de ideas y de horizontes que se produjo a principios de los años sesenta del siglo pasado. Creativos ambiciosos con esposas ideales, y secretarias complacientes, y casas de propiedad, y coches último modelo, y despachos modernos dotados de mueble-bar...Con esos ingredientes, Hollywood hizo comedias deliciosas como Pijama para dos (Delbert Mann, 1961), que eran tan irreales como el hecho de que a Rock Hudson pudiera gustarle Doris Day o cualquier otra dama. Matthew Weiner ha creado la catedral del género, por poner un símil arquitectónico.

No piensen los lectores que todavía no han descubierto Mad Men que el único ayer en liza es el de Don Draper. En absoluto. Es nuestro pasado lo que se refleja -con una puesta en escena brillante, perfecta desde los títulos- en esos tempraneros años sesenta, pues mamamos publicidad y cine americanos desde que nacemos. Al contemplar la sangre y carne, el alma viva y verdadera que Weiner

y su equipo han destilado en Mad Men, descubrimos la otra cara de los prototipos, de los modelos que se nos propusieron, y que cuelgan todavía, por desgracia, en más armarios de los que contamos.

'LOS SOPRANO'. COMO LA COMEDIA HUMANA

Por Javier Marías

Empecé a darme cuenta de lo extraordinaria que era Los Soprano cuando comprobé -muy pronto- que casi me entusiasmaban más aquellos capítulos en los que "no pasaba nada", en los que no había acción, ni asesinatos, ni amenazas, ni conspiraciones, ni apenas intriga, y si había alguna discusión era de índole doméstica. Captar la atención del espectador con lo que acabo de enumerar es fácil y está al alcance de cualquiera, pero limitarse a esos recursos lleva aparejada, a la larga, la condena de la obra que echa demasiada mano de ellos: no suele dejar el menor rastro en la memoria, su efecto dura sólo mientras dura la obra y ni un minuto más, al poco el lector o espectador la confunde con otras que tienen parecidos elementos, la borra y la olvida. La propia acumulación se vuelve en su contra.

En Los Soprano hubo un episodio temprano que, por así decir, ahuyentó a los seguidores que esperaran una sucesión de actos violentos y de tramas criminales, de los que la serie no está exenta, desde luego, pero que dosifica cuidadosamente. Y ahuyentó a esos seguidores porque en cierto modo los retrató en el episodio. Algunas amistades de la doctora Melfi, la psiquiatra de Tony Soprano, se sienten intrigadas por el trato de ésta con un conocido gangster e intentan sonsacarla con las preguntas que probablemente haríamos cualquiera en las mismas circunstancias. Por su parte, Tony Soprano se siente tentado a entablar relación con lo que él llama ameriganos -creo recordar que son unos vecinos adinerados-, con los que va a jugar al golf en un par de ocasiones. Pero en seguida se da cuenta de que no tienen por él más que la curiosidad que sienten los amigos de la doctora Melfi, la curiosidad por el fenómeno.

Se acuerda entonces de haber él sentido lo mismo, en el colegio, por algún chico anómalo, aunque se me escapa ahora cuál era la anomalía que había hecho creer a ese muchacho que por fin era aceptado. Tony se aparta inmediatamente de los ameriganos que sólo buscan su contacto para después poder contarlo en una reunión social como la de la doctora.

Lo maravilloso y singular de Los Soprano es que, como Tony, rechaza a ese tipo de espectadores. Es como si declarara: "Miren, esto es como La comedia humana de Balzac y nos atañe a todos y todos vamos a salir retratados. Si creen que trata de una especie exótica, la mafia de Nueva Jersey, ya pueden apagar el aparato". Los Soprano viven entre nosotros, aunque no sean exactamente como nosotros, o no en todo. Comen sin parar, pierden el tiempo, ven películas, se emocionan con documentales sobre la Segunda Guerra Mundial, se vuelven locos por la tecnología punta -sólo que la roban, en vez de comprarla-, tienen ambiciones y debilidad por los animales, viajan a París y los asalta el vértigo temporal ante la contemplación del poso de los siglos; temen por sus hijos que estudian carreras y sufren por sus primeros amores, se desconciertan, están insatisfechos, desean participar de "lo artístico" y escriben guiones de cine, juegan al billar, se echan amantes y se aburren, se aburren enormemente. Y es en gran medida por esto último por lo que maquinan y les surgen pasiones y odios, por lo que se provocan unos a otros y acaban matándose a pesar suyo. Por eso no cuesta nada identificarse con una familia de gangsters y quedarse a vivir en su mundo durante siete años y sentir que se nos han hecho cortos.

'LOS SIMPSON'. EL PELIGRO AMARILLO

Por Fernando Savater

Según parece, un antropólogo alemán ha venido a corregir nuestra visión demasiado puritana del origen de la civilización: aquellos antepasados no abandonaron el nomadismo y se entregaron a las serenas labores de la agricultura para sentar cabeza, sino para perderla: querían cosechar cebada, producir cerveza y cogerse monumentales borracheras. Los idólatras de Homer Simpson, que somos millones, ya lo suponíamos: le hemos visto suficientes veces en el bar de Moe con otros casos terminales de urbanismo civilizado como para no llamarnos a engaño. La cultura no parte de la caverna (de Platón), sino de la taberna de Moe y de Homer: lo cual no nos permite erguir orgullosamente la cabeza, pero llena nuestras jarras.

Los Simpson ofrecen tantas lecciones de humildad desmitificadora como de supervivencia tonificante. A menudo humillan nuestras injustificadas pretensiones, pero sin degradar ni mucho menos descartar jamás la humanidad que compartimos. No se limitan a la sátira social -que encierra a menudo la altanería
de la buena conciencia utopista-, sino que practican con ácido entusiasmo la purificación antropológica. Nos enseñan a convivir con nuestros deseos sin sonrojo y con nuestras debilidades sin cínica vanagloria.


Cada uno de sus episodios es una muestra de lo que Stanley Cavell llama "perfeccionismo moral", pero sin darse aires por ello ni subirse a ningún púlpito, bendita sea su alma amarilla.

En Springfield, todos los vecinos, grandes y pequeños, se educan constantemente unos a otros: con malas artes, con buenas artes, con hostilidad fraterna y egoísmo solidario, con flatulencias y regüeldos, con carnales ambiciones, con donuts y cerveza. Al final parecen haber aprendido la lección, que sólo les dura hasta el próximo episodio: como nosotros, aunque sin tan malas consecuencias. A la voluminosa señora que se lanzó animosa a bailar y cayó de culo en la pista le advirtió Georges Brassens: "Madame, la ley de la gravedad es dura, pero es la ley". En Springfield, todo el mundo termina comprobando el rigor grave de esa ley y haciéndonoslo saber de forma tan irrefutable como divertida.

Porque estos desvergonzados moralistas a su pesar son sin lugar a dudas irresistiblemente jocundos, gozosos. Ver día tras día, episodio tras episodio, las peripecias de Homer y Bart, de Lisa
y Maggie, de mister Burns y Smithers, del edificante Flanders y de todo el resto de la patulea propician esa cosa rara y necesaria que los humanos buscamos también en la cerveza, en el amor
y en el arte más empingorotado: un ramalazo de la esquiva felicidad. Si hay que rubricar en algún pliego nuestro más rendido agradecimiento, aquí va mi firma.

sábado, 4 de octubre de 2008

Entrevista a Carlos Fuentes

El tiempo de Fuentes
JUAN CRUZ El País, 04/10/2008


El tiempo y la realidad de su país forman la esencia de La voluntad y la fortuna, su nueva novela. "Escribir sintiéndote el Dios de la primera creación es el gran privilegio de la literatura", dice el autor mexicano, que celebra sus 80 años y 50 de La región más transparente.
Nació en Panamá pero es mexicano hasta el tuétano, con todas las consecuencias. Si rastreas sus libros, y ahora que cumple 80 años lo están haciendo estudiosos y lectores, en México y en muchos lugares del mundo, encontrarás a Carlos Fuentes volviendo del revés y del derecho esa patria para descubrir el secreto que la convierte en un enigma y en una energía. Detrás de esa energía está también él, como una metáfora literaria del país sobre el que comenzó a interrogarse en La región más transparente, de cuya aparición se cumplen también ahora cincuenta años. Así que él tenía entonces treinta años y ahora tendrá ochenta el 11 de noviembre próximo. Se le preparan homenajes en su país y en España, donde recibirá el 13 de octubre el Premio Internacional Don Quijote creado por la Junta de Castilla-La Mancha y la Fundación Santillana. Y ahora aparece su nueva novela, La voluntad y la fortuna (Alfaguara). Esta conversación se produjo al final del último verano, en Formentor, Mallorca, versa sobre toda su obra, en busca siempre de ese secreto que siendo mexicano es doble, o triple, inextricable, y que por tanto quizá sólo se explica con la leyenda o con la literatura.


"Tener seguridad con democracia va a ser el gran desafío de México. Temo realmente por una solución autoritaria, no la quiero"

PREGUNTA. México está en toda su obra.

RESPUESTA. Como podrían estar España, Francia, Argentina

... México es el nombre de un país que constituye mis raíces, aunque he podido tener otras. Estaba leyendo las memorias de Günter Grass y claro que es una experiencia alemana, pero cuando escribe El tambor de hojalata se convierte en una experiencia universal con raíces alemanas. Ése es el secreto de la literatura. Si te quedas en lo puramente local, desaparece pronto, si te vas voluntariamente a lo universal no vas a lograr la base real que te da la sociedad. De manera que es una mezcla de las dos cosas: lo universal y lo local van juntos, uno no puede prescindir del otro y, si se prescinde, la obra fracasa.

P. Lo local y lo global que resume Rulfo. Pedro Páramo es tan local...

R. Lo más local de la tierra. Rulfo conocía México centímetro a centímetro. Fue agente de ventas de los neumáticos Goodrich y gracias a eso recorrió el país vendiendo llantas y hablando con la gente, oyendo las historias más extrañas en los pueblos más apartados de México, y le salió Pedro Páramo, una gran novela universal basada en cosas muy locales. Éste es el secreto.

P. ¿Cómo conoció usted México?

R. Lo conocí de lejos. Era hijo de diplomático, en consecuencia vivía casi siempre fuera de México, salvo los veranos, que me enviaban allí a cargo de mis dos abuelas. Ellas me dieron lo que de otra manera no habría sabido y lo que al morir ellas desapareció, las historias más viejas de los antepasados: de dónde venimos, quiénes somos, cómo se llamaba el abuelo, el bisabuelo... Todo esto me lo fueron contando poco a poco. Y eran mujeres muy distintas, una era del golfo de México y la otra del Pacífico. Una era hija de alemanes, la otra descendía de mercaderes de Santander y de indios yaquis
... Yo preguntaba cuándo llegaban las vacaciones para ir con mis abuelitas y aprender a escribir.


P. A lo mejor esa manera de contar está detrás de Los años con Laura Díaz...

R. Está en el ritmo de todo porque, claro, nadie puede decir que escribe como habla. Primero hablas y luego escribes y aprendes a distinguir el ritmo del habla cotidiana, en el que circulan los cobres de la vida, y luego te instalas a buscar el oro de la literatura a fin de crear no la realidad, ni siquiera una reproducción de la realidad, que sería una realidad redundante, sino a crear una realidad paralela, que antes no existía. Antes del Quijote no existía la realidad de Don Quijote; podía haber novelas de caballerías y novelas picarescas, pero no había Don Quijote de La Mancha como obra de arte.

P. Como autor de ficción, ¿México le sigue diciendo lo mismo que como ciudadano?

R. No, porque ha habido una enorme catástrofe (yo lo llamo así) en México. Cuando yo tenía veinte años había una gran confianza en el destino del país. No había democracia pero había desarrollo. Desarrollo sin democracia era la fórmula de los gobiernos de la revolución que se congelaron en el PRI, finalmente, pero hacían carreteras, educación, urbanización, y la vida era segura. En 1946-1947 podía salir de un cabaret de mala muerte a las dos de la mañana e ir caminando a mi casa. Hoy no me atrevo a salir a la esquina de mi casa a pie. Ha habido una explosión demográfica. Cuando nací, Ciudad de México tenía un millón de habitantes, y el país tenía veinte. Había un eslogan que decía: "Veinte millones de mexicanos no pueden estar equivocados". Se referían al país, hoy se referirían a la ciudad, que tiene veinte millones, en un país que ya alcanza una población de cien. Es un cambio demográfico que no se ha encauzado por vías creativas. Ha habido crisis económicas, empobrecimiento, subproletariado, proletariado gansteril que ha surgido al amparo de la droga... De manera que hoy la situación es mucho más difícil, más peligrosa, hay asesinatos, hay secuestros y hay un clamor, un "basta", un "hasta aquí hemos llegado", y una enorme demanda de seguridad. Esto es muy peligroso porque a veces la seguridad sólo la da un Gobierno autoritario, una dictadura. Tener seguridad con democracia va a ser el gran desafío de un México al que no puedo ver con los ojos optimistas con los que lo veía en los años 45 o 50 del pasado siglo.

P. Decía usted, precisamente entonces, en La región más transparente: "Esto no es grave, en México no hay tragedia, todo se vuelve afrenta".

R. Es cierto, todo se volvió afrenta. Hoy la situación nacional es un enorme insulto a la ciudadanía, una enorme afrenta. ¿Cómo vamos a salir de esto? No sé, exactamente no lo sé. Temo realmente por una solución autoritaria, no la quiero. La seguridad es algo que depende mucho del tráfico de drogas y el mercado de la droga está en Estados Unidos. México es un país de tránsito, ahora es un país de producción y de tránsito, pero los capos mexicanos son cantinflas, son gente muy secundaria... En cambio, los grandes intereses ya sabemos que están en Estados Unidos. ¿Adónde va el dinero generado por la droga? Va de México a Estados Unidos, y allí lo limpian los bancos. ¿Y quiénes son los grandes capos? No se sabe. Hay una responsabilidad muy grande de los norteamericanos al no atacar realmente este problema, y una responsabilidad nuestra al no lograr la unión de seis, siete, ocho países que despenalicen el uso de la droga, que sería el primer paso. Que tras la despenalización va a haber más consumo, es cierto. Cuando Roosevelt despenalizó el alcohol no dejó de haber borrachos, lo que dejó de haber fue Alcapones. Éste es el paso realmente importante que deberíamos de dar. Nadie se atreve porque les parece un pecado permitir el uso de la droga. No es permitir el uso. Es despenalizar, algo diferente.

P. Escribe usted en La muerte de Artemio Cruz sobre un país que en "cada generación tiene que destruir a los antiguos poseedores y sustituirlos por nuevos amos tan rapaces y ambiciosos como los otros".

R. Es una crítica y es una realidad. La diferencia de México con el resto de América Latina fue que las sucesivas revoluciones mexicanas acabaron con las castas del poder y las sustituyeron por gente en ascenso. La revolución liberal es encabezada por un indio zapoteca, Benito Juárez, que trae toda una casta que llega con Porfirio Díaz. La revolución mexicana es el ascenso de Demetrio Macías, el personaje de Los de abajo, de Mariano Azuela, de toda una clase media provinciana, que con la revolución ascienden a puestos de mando. Pero hay una renovación. En México siempre ha habido una cierta porosidad social mucho mayor que en otros países de América Latina, pero vamos a ver cuánto dura esto en la situación de inseguridad que estamos viviendo y en la que yo veo muchas sombras.

P. Ahí, en La muerte de Artemio Cruz, late la preocupación por la traición a la revolución...

R. Es que no hay buena revolución que no sea traicionada, sólo las malas revoluciones no se traicionan a sí mismas... Fíjate que hay traición a la revolución norteamericana, hay traición a la Revolución Francesa. No hay traición a la revolución rusa porque el estalinismo decide que no ha habido traición, pero tiene que crear un régimen totalitario para impedir la traición traicionando a la revolución

... Toda revolución genera libertad y genera nuevas formas de dominación. Entonces, hay que consagrar la libertad para combatir esas formas de dominación que inevitablemente van acompañadas de una gran transformación social, del descenso de unos, del ascenso de otros. Ese panorama que reflejamos muchos novelistas franceses, norteamericanos y latinoamericanos.

P. En su obra hay un estilo que busca un estilo. ¿Qué se propone literariamente?

R. No hay creación sin tradición ni nueva tradición sin nueva creación que la alimente. La novela de México fue primero una novela testimonial, muy directa, de la revolución mexicana, Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán... Hubo una gran ruptura. Recuerdo el asombro que para mí fue leer Al filo del agua, de Agustín Yáñez, a finales de los cuarenta, porque tomaba los temas tradicionales, el campo, la Iglesia, y los transformaba en una literatura totalmente moderna, novedosa. Esto fue en el año 1947-1948. Y en 1955 tienes Pedro Páramo, que es la mejor novela que se ha escrito en México y que revolucionó totalmente el quehacer novelístico. Con ella, Rulfo cerró con broche de oro esa temática. Después de Rulfo no era posible seguir esa temática, fue el genio de Rulfo el que dijo: "Yo cierro esta tradición con un árbol desnudo del cual cuelgan manzanas de oro, y vámonos a otra cosa". Yo me dije: hay un gran tema, la Ciudad de México, ¿por qué nadie lo ha abordado? Estamos viendo nuestra ciudad, que entonces tenía cinco millones de habitantes, es el centro tradicional del país, una ciudad muy pujante, muy diversificada, muy misteriosa, con un movimiento social y personalidades extraordinarias, y por eso escribí La región más transparente, casi como un dictado de la ciudad misma que me dijo: "Siéntate y escríbeme, no seas cabrón".

P. "Nací y vivo en México DF, esto no es grave", se dice en La muerte de Artemio Cruz. Ahora sí es grave.

R. Ahora es grave por la inseguridad.

P. "México es un país de hombres tristes y de hombres alegres, dijo mi padre, Ángel, 22 años, en el instante de crearme. Antes, mi madre, Ángeles, menos de 30 años, había suspirado: 'Océano origen de los dioses'. Pero pronto no habrá tiempo para la felicidad y todos serán tristes, niños y viejos juntos, continuó mi padre
...". Eso está en Cristóbal Nonato, y parece una melancólica evidencia del destino...


R. ¡Oye, no hay que convertir en convicciones del novelista lo que dicen sus personajes! No, no lo digo yo, lo dice el personaje de la novela. Siempre me impresionó mucho la belleza de los niños mexicanos, y cómo se convierten después en gente fea no lo entiendo. Es una metamorfosis que pasa generalmente, en todas partes, pero es que los críos de México son particularmente bellos. Luego viene la vida, la transformación, y es a esa niñez mexicana a la que se refiere el personaje. Es un desafío para todos que esa niñez se convierta en una madurez bella, no madurez decepcionada, triste, criminal.

P. Esto lo dice usted, en este caso, no sus personajes. ¿Y cuánto de Fuentes hay en las reflexiones de sus personajes?

R. Es inevitable. Recuerdo a Flaubert, claro: "Madame Bovary soy yo". Es un personaje creado por el escritor pero distanciado por el escritor. Madame Bovary tiene una vida, sí, es Flaubert, pero al mismo tiempo es Madame Bovary. Madame Bovary podría decir: "Gustave Flaubert c'est moi". Hay esa simbiosis inevitable. Pero el filo de la navaja es esa distancia que se puede establecer entre la creación del escritor y el escritor mismo. Acabo de escribir una novela en primera persona, La voluntad y la fortuna, cosa que rara vez hago, y sentí una libertad muy grande para ser yo mismo siendo distinto; sin embargo, habla en primera persona y es yo en cierta manera.

P. ¿Quién es ese personaje?

R. Es un muchacho cuya cabeza cortada habla. Le han cortado la cabeza en un acto criminal en Acapulco y dice: "Soy una de tantas cabezas cortadas al día de hoy". Y añade: "Voy a contarles esta novela antes de que se me olvide todo". Y la cuento. Es una historia un poco Caín y Abel... En medio hay toda una sociedad, una ciudad, muchos personajes, me divertí mucho inventando personajes.

P. ¿Todo es Caín y Abel?

R. Vladímir Propp, el crítico ruso, tenía razón: hay doce temas, más o menos, en la novela, padres e hijos, hombres y mujeres, sexo, hijo pródigo: me voy de la casa, regreso a la casa, el viaje, la aventura, Ulises..., son muy pocos temas. La originalidad no es la temática, sino la manera de tratar los temas de siempre. Hay un dios de la ficción que un día dijo: "Vamos a contar el regreso de un hombre que ha estado ausente diez años a través de las peripecias de su vuelta. Vamos a contar la historia de dos hermanos, uno de los cuales asesina al otro...". Todo eso está temáticamente dicho, pero el tratamiento es cada vez distinto. En el siglo XIX hay por lo menos tres grandes novelas que se refieren a la mujer y al adulterio, Anna Karenina, Madame Bovary y Effi Briest. Las tres son distintas porque hay un sello de creación de un mundo alrededor del asunto que lo convierte en algo totalmente novedoso. Sabiendo que no es novedoso, todo le da el aire de la primera creación. Escribir sintiéndote el Dios de la primera creación es el gran privilegio de la literatura.

P. En Cambio de piel había abordado lo que pasó en México, con distintas voces, y Los años con Laura Díaz es la historia del mundo la que pasa por México. Un empeño balzaquiano.

R. Siempre he tenido la conciencia de que mi país no es un islote aparte. El nacionalismo mexicano degeneró cuando creíamos realmente que "como México no hay dos". "Nada humano nos es ajeno", dijo Alfonso Reyes citando a Terencio, y creo que éste es el sentido de la relación con tu país, es sentir que estás en el mundo, que no estamos aislados

...

P. Ha dicho usted: "La ficción es más cierta que la vida".

R. Sí, la ficción crea vida, crea una vida que antes no estaba allí. Es una vida paralela. ¿Podemos hoy imaginar el mundo sin Don Quijote? Cuesta mucho. ¿Sin Hamlet? Cuesta mucho. Sin embargo, hubo una época en que no existían. Hoy ellos forman parte de la realidad porque fueron imaginados; lo que se imagina se convierte entonces en parte de la realidad indisoluble y ya no puedes entender la realidad sin lo que imaginó el escritor. Es la fuerza del escritor. Sobrevive a los políticos por eso.

P. El tiempo y México. ¿Está de acuerdo en que éstos son los asuntos de su obra?

R. Sí, en la medida en que son base de la obra pero intentan trascender a ambos. Estoy hablando de México pero estoy hablando de la condición humana

... Y hablo de un tiempo que no es el tiempo de los calendarios

... El gran intento de autores como Virginia Woolf o como William Faulkner es dar tiempos simultáneos, presente, pasado y futuro. Como dice Faulkner: "Ayer está pasando hoy y mañana también"... El tiempo sigue adelante, derrota a los escritores pero los escritores triunfan porque intentaron lo imposible. El escritor tiene que intentar lo imposible aunque se vaya de bruces, no importa, hay que intentar lo que uno juzgue necesario e imposible.

P. ¿Qué tal se lleva con la palabra "ahora"?

R. Muy bien, muy bien. Y me llevo mejor con la palabra "ahorita" y mejor con la palabra "ahoritita", que decimos los mexicanos mucho.

La voluntad y la fortuna. Carlos Fuentes. Alfaguara. Madrid, 2008. 552 páginas. 19 euros. Sale a la venta el próximo miércoles, día 8.

Factura del abandono escolar

El abandono escolar ya pasa factura

Muchos jóvenes que dejaron las aulas en busca de empleo fácil en turismo y construcción se encuentran hoy sin título y sin trabajo - La crisis fuerza a decenas de miles a volver a clase

ELISA SILIÓ El País, 04/10/2008

El abandono escolar, una opción que se hizo fácil en la España del turismo y la construcción, empieza a pasar factura. El trabajo ya escasea, y los jóvenes se encuentran ahora sin empleo, y además sin cualificación.

Crece el número de adultos que quieren estudiar ESO o FP o ir a la Universidad
Las comunidades costeras han sufrido el mayor fracaso escolar
La ministra va a convocar este mes una reunión monográfica
Sólo el 5,9% de los chicos de 16 años estudia y trabaja


Los datos se despachan rápido: El 31% de los adolescentes en España no aprueban la ESO. El otro 69% continúa, pero un 28% de ellos no conseguirá un título de bachillerato o FP de grado medio, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). La tasa de los que abandonan en esa etapa es más dramática en hombres (35,8%) que en mujeres (23,8%), y en total dobla la media europea. Sólo Portugal y Malta están por detrás de España.

En la Escuela de Adultos de Mazarrón, Murcia, no cabe un alma desde hace tres años. Este curso, 40 personas quieren asistir a la clase que prepara para la obtención del título de la ESO (el antiguo graduado escolar), pero diez tendrán que esperar un año más. No hay tantas plazas, ni otros centros para mayores en la zona. Esta invasión estudiantil no se entiende sin hablar de la crisis económica.

En Mazarrón, una localidad turística de 29.000 habitantes, nada es lo que era. Los eternos veraneos en la playa han pasado a la historia, hay un parón evidente en el ladrillo, son ya pocos los que trabajan a destajo los tres meses de verano para vivir el resto del año y en primavera no hay carteles demandando camareros. El paro, antes inexistente, acecha. En la comunidad de Murcia, con un 58% de ocupación hotelera este verano, había en septiembre 76.000 desempleados, un 2,89% más que el septiembre de 2008.

Por miedo al paro o a perder oportunidades, este curso los adultos están volviendo a clase: 138.000 adultos están estudiando en busca del graduado escolar. Son 22.500 más que hace cuatro años. 11.500 quieren entrar en la Universidad (2.000 más); 14.000 quieren hacer las pruebas de acceso para la FP superior (el doble ahora). Además, 35.000 (15.000 más que entonces) asisten a talleres.

Los Objetivos de Lisboa pactados por la Unión Europea en 2000 aspiran a que la tasa de abandono prematuro de la escuela -índice de población de 18 a 24 años que no ha completado el bachillerato o Formación Profesional y no sigue ningún tipo de formación- se sitúe en los países comunitarios por debajo del 10%. Un porcentaje que en estos momentos sólo cumplen Finlandia, Austria y cuatro países de la antigua Europa del Este -República Checa, Eslovenia, Polonia y Eslovaquia-. En España, en el curso 2006-2007 -últimos datos conocidos- el abandono subió respecto al anterior en 1,1 puntos: del 29,9% al 31%. El doble de abandono que el promedio de la Unión Europea.

"El abandono prematuro es muy grave porque se produce una pérdida de capital humano y cada vez la formación se va a valorar más. Es lo que va a distinguir a los países en competencia. La producción se puede deslocalizar, pero la formación no", opina Ferrán Ferrer, coautor del anuario Estado de la educación en Cataluña 2006, de la Fundación Jaume Bofill. Y de su gravedad parece haberse dado cuenta la ministra del ramo, Mercedes Cabrera, que no sólo pretende reformar la Formación Profesional sino que va a convocar para este mes una reunión sectorial monográfica sobre el abandono a la que acudirán los responsables de Educación de las 17 Comunidades Autónomas.

La mayoría de los chicos ya no desertan para aportar dinero a casa, sino porque resulta muy atractivo optar por el empleo fácil -mayor cuando más bajo sea el nivel socioeconómico de su familia-, algo al alcance de cualquiera en las zonas turísticas. O al menos hasta la crisis. Por ese motivo, junto a zonas históricamente desfavorecidas sin gran tradición de acceder en masa a la escuela (Andalucía, Castilla La-Mancha y Extremadura), lideran la lista de abandono de secundaria post-obligatoria las regiones de Canarias y el Mediterráneo (Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia y Baleares). Pese a la alta renta per cápita de Baleares -la cuarta de España tras Madrid, Navarra, País Vasco y Cataluña-, el 44,7% de los chicos, -que no chicas- baleares menores de 24 años no tiene estudios de secundaria obligatoria, mientras que en el otro extremo, sólo el 8,4% de las vascas de esa edad desertaron. En todo el país son ellas, con mucho, las más constantes en el estudio.

"No necesitar cualificación para trabajar es una característica común nuestra con el arco Mediterráneo, pero también con California y Miami", cuenta Juan José Martínez, director general de Universidades de Canarias. "Y se trata de bascular un modelo económico que no esté basado sólo en el turismo y en la agricultura, y para eso las universidades tienen que hacer el tránsito con I+D", prosigue. Su consejería está realizando una encuesta entre los empresarios para conocer sus necesidades.

"Muchos dejan de estudiar un par de años y vuelven. Se dan cuenta de que tienen un trabajo que no es de su agrado y no pueden optar a otro. Notamos que están retornando desde hace tres o cuatro años", explica Montserrat Vallés, directora del Instituto Jaime I de Salou (Tarragona), localidad que recibe en agosto a 180.000 viajeros. A este instituto llegan estudiantes de más de 18 años que han aprobado las pruebas de acceso a módulos de grado medio de Formación Profesional. "Estudian para administrativo, atención sanitaria o para educación infantil. Áreas en las que saben que hay empleo", continúa la directora. "De todos modos, la situación de Salou es privilegiada. Hay muy buen clima, una ciudad cosmopolita, bien comunicada... Y todo eso facilita que uno se recicle".

"Un primer tema es el valor otorgado a la educación. Si la sociedad, las familias y las empresas no transmiten a los jóvenes que estudian el mensaje de que van a poder acceder a un mejor trabajo y que les admiramos, vamos mal. Y tiene que haber una repercusión por este esfuerzo con un mejor salario y un trabajo acorde a lo estudiado", prosigue Ferrer, convencido de que el fracaso se inicia en primaria.

Los chicos pronto se dan cuenta de que sin cualificación la experiencia laboral no se acumula. "A los 17 años, un adolescente balear puede ganar lo mismo que un universitario vasco de 26 años mileurista. Pero cuando pasen tres años, él seguirá con casi el mismo sueldo y el del vasco será bastante más", razona Mercedes Esteban, vicepresidenta de la Fundación Europea Sociedad y Educación, institución que realizó en 2007 un estudio sobre la catastrófica situación balear para su consejería de Educación. En su opinión, la solución debe plantearse a medio-largo plazo, "no cabe esperar resultados inmediatos".

El nivel de estudios de la madre era antes determinante en el abandono -a menos preparación, menor afán de que el niño estudiase-, pero ahora no condiciona tanto: en diez años se ha multiplicado por cuatro el porcentaje de chicos cuyas progenitoras cuentan con estudios medios (el 35%) o universitarios (más del 4%). "Los padres apenas ven a sus hijos. Y el poco tiempo que los ven no lo pasan haciendo un seguimiento de sus deberes, sino viendo la televisión", se lamenta Montserrat Casas, rectora de la Universidad de Baleares. Se calcula que 150.000 niños entre 6 y 14 años sufren incomunicación extrema en el hogar.

El archipiélago balear, con 1,1 millones de habitantes, tan sólo tiene 17.000 universitarios -3.000 de ellos en estudios no reglados-. Sólo el 23% de los jóvenes llega a las facultades, cuando la media española es del 43%. "Al menos hemos conseguido que no baje el número, como está pasando en casi toda España", se alegra Casas. La tentación por dedicarse a los servicios es mayor en las pequeñas localidades, y está favorecida por los altos salarios. En 2004, en hostelería se ganaba de media 963 euros en Baleares frente a los 731 del resto del país.

El beneficio por permanecer más tiempo en el sistema educativo no se hace patente hasta que se completan los estudios superiores. Esto provoca un escalón demasiado alto para los que cuentan con menos recursos. Aunque las diferencias salariales se están acortando. En 1997 alguien que sólo tenía el graduado escolar ganaba un 73% menos que un licenciado. Nueve años después les separa un 47%. En Estados Unidos o Reino Unido el sueldo es el doble.


"Los alumnos vienen orientados por el INAEM, el ayuntamiento, los centros de secundaria...", cuenta Mariano Fernández, profesor de la Escuela de Adultos de Mazarrón. "Dejan las clases un 30%. Tienen muy poca base y se desaniman cuando ven el nivel de exigencia". El graduado se puede aprobar por partes, pero para los retornados resulta difícil. "Antes se sacaba en octavo de EGB y casi lo regalaban. Pero ahora son dos cursos académicos más y se nota mucho. Se desesperan con una ecuación de segundo grado. No sé, quizá deberían hacerse otras pruebas de madurez. Las de ahora están encaminadas para hacer el bachillerato y muchos no van a continuar estudiando. Van a necesitar entender lo que leen, pero hay algunas preguntas de lingüística que no tienen sentido", plantea el maestro de Mazarrón.

Esta queja no es compartida por Eva Almunia, secretaria de Estado de Educación y Formación. "El sistema tiene que ser flexible, con pasarelas, para que se reincorporen al estudio aquellos que se fueron, pero eso no puede significar que se rebaje el nivel. La titulación de secundaria es la misma para quieren quiere seguir el bachillerato y quien no. No se puede discernir". Almunia recuerda que desde el curso 209-2010 aquellos jóvenes que acrediten una experiencia laboral de más de tres años podrán optar a un título de cualificación si asisten a unos cursos semi-presenciales.

Jorge Calero, catedrático de Economía Aplicada, calcula en el estudio Desigualdades tras la educación obligatoria: nuevas realidades, de la Fundación Alternativas, que sólo el 5,9% de los chicos de 16 años estudian y trabajan. Un porcentaje que aumentaría, piensa, "facilitando estudios a tiempo parcial o reducciones del horario de trabajo para determinados contratos". Además, propone para rebajar el abandono dignificar la Formación Profesional, muy desacreditada; introducir asignaturas aplicadas en el bachillerato, hoy demasiado académico; destinar más dinero a becas en secundaria, porque la mayoría van a la universidad, e intervenir en educación infantil para reducir las desigualdades provocadas por el origen social y familiar.
Toda medida es poca cuando se está en el furgón de cola.

viernes, 3 de octubre de 2008

Javier Marías

Escribir como jugar a las chapas

Javier Marías recorre en la Fundación Juan March los 40 años de su trayectoria literaria - "Después de mi última novela ya no me queda nada", afirma el autor

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS - Madrid - El País, 03/10/2008


"La paulatina pérdida de la irresponsabilidad" es la frase que mejor resume la trayectoria literaria de Javier Marías y por eso la ha elegido como título bajo el que hablar de su obra en las jornadas que ayer se cerraron en la Fundación Juan March. "Un título al que debería añadir que después de esa pérdida está el intento continuo por recuperar dicha irresponsabilidad", añadió.

Son 40 años de vida literaria cuya historia se concentró en una conferencia celebrada el pasado martes, y en una charla, ayer, entre el escritor y el crítico Manuel Rodríguez Rivero. Una trayectoria, recordó Marías (Madrid, 1951), que se inició en abril de 1968 cuando su padre, sin avisarle, envió al vespertino barcelonés El Noticiero Universal el relato de su hijo adolescente La vida y la muerte de Marcelino Iturriaga y que luego arrancó dos años después, en 1970, con su primera novela editada, Los dominios del lobo.


Han sido 40 años en los que el autor de Corazón tan blanco ha publicado 10 novelas (si como él mismo prefiere se cuenta como una sola las 1.600 páginas de los tres volúmenes de Tu rostro mañana), tres libros de relatos y 12 volúmenes de artículos. "Hasta cierto punto toda mi trayectoria ha sido un combate contra algo que era una necesidad pero que también era una enorme inconveniencia: publicar", señaló el escritor el pasado martes durante su primera intervención, en la que comparó sus habilidades literarias con un divertimento infantil.

"Cuando yo empecé a escribir lo hacía como un juego, escribir no se distinguía de cuando jugaba a las chapas con mi hermano Fernando. Cuando alguien me dijo que tenía que encontrar mi propia voz, yo pensé que esa voz ya la tenía, igual que tenía cierta habilidad para las chapas. La dificultad viene luego, cuando uno intenta escribir sin dejar que las cosas externas le influyan, con la misma libertad con la que entonces jugaba".

"Nunca me he tomado mi trayectoria ni demasiado en serio ni como una carrera", añadió el autor de Todas las almas. "Una trayectoria que hoy sería imposible para cualquiera que escriba por la impaciencia del mercado y de los editores".

Marías recordó la importancia de la traducción en su aprendizaje como escritor: "La traducción ha sido un elemento importantísimo para mí por lo que ha supuesto de aprendizaje. Es incluso mejor que leer. Un traductor además de un lector privilegiado es un escritor privilegiado. Reescribe a su propia lengua algo que no existía y de alguna manera está incorporando algo totalmente nuevo. Pero no es sólo eso: al poner la lengua al servicio de otro, hay una renuncia al propio estilo que es muy importante. Es como el actor que se borra a sí mismo para convertirse en el personaje. Pero al mismo tiempo uno se está apropiando de esos estilos y está aprendiendo de ellos y entonces uno ya sabe que dispone de otro registro".

Marías insistió en su precocidad y en el privilegio -"y de alguna manera también desgracia"- que fue rodearse desde muy joven de escritores que él admiraba. "Con 22 años no solamente trataba mucho a Juan Benet y Juan García Hortelano, sino también, en los años que viví en Barcelona, a Juan Ferraté y Jaime Gil de Biedma. Yo callaba y escuchaba y debo decir que de alguna manera todas aquellas personas me cohibían mucho y por eso también fue una desgracia conocerles".
Marías recordó que averigua las historias a la vez que las escribe, que para él el enorme esfuerzo está en el arranque para luego dejarse llevar por lo que va saliendo y "forjar" la novela según va creciendo, "puliendo cada frase".


El escritor dijo entonces que de alguna manera con su última novela en tres partes se cierra esa trayectoria que empezó hace 40 años. Aseguró que después de Tu rostro mañana, publicada hace justo un año, todo será "una propina". "Quizá me falta distancia o quizá estoy equivocado pero mi sensación es que después de este libro ya no me queda nada, ni en extensión, ni en complejidad. En realidad todo me da ya bastante igual porque mi sensación es que he hecho lo máximo que podía hacer y, al menos ante mí mismo, ya he cumplido".

La brújula del farsante

Javier Marías anotó en una página las líneas generales de la conferencia que bajo el título La paulatina pérdida de la irresponsabilidad

pronunció el martes. Apenas unas notas para ofrecer un relato cerrado sobre sí mismo. El crítico Manuel Rodríguez Rivero utilizaba ayer ese viaje sobre una página como ejemplo del método de un escritor que para guiarse utiliza "una brújula en lugar de un mapa".

"Sí, soy un escritor de brújula y no, como la mayoría, de mapas. Hay escritores que necesitan saberlo todo de sus historias y de sus personajes antes de ponerse a escribir, en cierto modo se limitan a desarrollar algo que ya estaba cerrado. Yo, sin embargo, sólo quiero una brújula para que me indique el norte. Y no es que no sepa a donde quiero ir, es que no me gusta trabajar con un mapa y tener la sensación desagradable de que sólo me limito a redactar. A mí me gusta sentir cierta incertidumbre porque si supiera de cabo a rabo lo que va a pasar me aburría mucho".

Manuel Rodríguez Rivero habló del Marías puntilloso y perfeccionista ("un verdadero farsante", bromeó, "porque es todo menos un irresponsable"); recordó cómo presenta a sus editores sus manuscritos a máquina sin una sola tachadura y su necesidad de controlar todo el proceso del libro. Al hablar de la crítica española, el escritor dijo que hoy ya era una batalla perdida. "Nadie espera nada de ella, hasta el punto de que, por desgracia, ya no importa".

jueves, 2 de octubre de 2008

La educación, lo que menos importa a un político

La educación, el campo de tiro político

La politización de la enseñanza lastra lo más importante: su calidad - La Iglesia vuelve a alentar las protestas por mantener su poder en las aulas - Y la historia se repite

SUSANA PÉREZ DE PABLOS 02/10/2008


Siete de cada 10 leyes orgánicas que se han aprobado en el Parlamento a lo largo de la democracia han contado con el consenso del principal partido de la oposición. Las educativas, cero. Y se han aprobado 11. La educación se ha convertido en lucha ideológica, los debates son encarnizados y las polémicas abren profundas heridas históricas, religiosas, lingüísticas, morales y de poder. La víctima: la calidad.

El 71% de las leyes orgánicas cuenta con consenso. De las educativas, ninguna


Los obispos ya se manifestaron hace 25 años contra una ley de educación

Estos debates distraen sobre los verdaderos problemas

La polémica sigue en las comunidades con la historia o las lenguas oficiales

El uso político de la educación se ha acusado a lo largo de la democracia a medida que los objetivos mínimos sobre los que es difícil discrepar, como la plena escolarización, se han ido cumpliendo. En otros países, como el Reino Unido o Francia, el enfrentamiento político por la educación está también a la orden del día. Pero en España esto incluye un elemento clave y diferente: la intervención de la Iglesia, con toda su influencia social, para luchar por no perder su poder.

La intromisión ha vuelto a quedar patente con la dura oposición de la Iglesia católica a la nueva asignatura obligatoria de Educación para la Ciudadanía. Alegan motivos morales. El PP les apoya. Esta alianza ha llegado a una situación extrema en dos comunidades gobernadas por los populares. Raya lo grotesco el caso de la Comunidad Valenciana -donde se enseña la materia, pero en inglés entre un profesor de filosofía o ética y otro de inglés, que hace de traductor- y lo legalmente discutible el caso de Madrid. Esta comunidad está amparando por escrito la objeción de conciencia. En Valencia, los inspectores enviados por la comunidad autónoma para vigilar si los centros imparten la materia en inglés acusaron de "politización" al Gobierno regional y los directores de la mayoría de los institutos se han rebelado contra el Gobierno regional. Auguran un suspenso general este curso para todos los alumnos.

Este nuevo episodio de manipulación de la educación abre claros interrogantes: ¿Es lícito, ético y razonable utilizar la educación como arma política arrojadiza? ¿Ha empezado esta politización a hacer mella en la eficacia del sistema con tantos cambios legales?

El primer aspecto del que se resienten los ciudadanos son los cambios legales. Las leyes que promovió el PP las cambió Zapatero en la pasada legislatura. Rajoy ha dicho que, si llega al poder, eliminará la asignatura Educación para la Ciudadanía, lo que abre la puerta a un cambio legal porque los populares tampoco comparten la filosofía de fondo de las leyes socialistas, basada en la llamada educación comprensiva (un modelo presente, por ejemplo, en Suecia, Finlandia y EE UU), que apuesta por compensar las desigualdades de partida de los alumnos más desfavorecidos.

Estas modificaciones implican cambios en la estructura de las enseñanzas, en las repeticiones de curso, en los contenidos, en los libros de texto... Cada ley viene seguida de una maraña de desarrollos, estatales y autonómicos. España ha tenido desde que empezó la democracia 11 leyes educativas (ocho no universitarias y tres universitarias).

De las 220 normas orgánicas aprobadas en España en la democracia, el 71% ha salido adelante con el apoyo del principal partido de la oposición, según el estudio Consensus and parliamentary opposition: the case of Spain, publicado en 2006 en la revista de Ciencia Política Government & Opposition por Alejandro Mújica e Ignacio Sánchez-Cuenca, que analiza las normas aprobadas hasta 2004. Ninguna era educativa. Tampoco se ha contado con ese apoyo en las dos leyes de 2006 y 2007. En la actualidad, hay tres orgánicas en vigor, una de ellas es la más básica (de 1985), la Constitución de la educación: la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE)

La politización se mantiene en España en alto grado cambiando los argumentos, opina Juan Antonio Ortega y Díaz-Ambrona, que fue ministro de Educación con UCD (en 1980 y 1981). "Hace 30 años giró sobre si la educación había de ser un 'servicio público, único y laico' o si había que admitir la enseñanza privada subvencionada, con el principio de 'libertad de enseñanza'. Hace unos 20 años (entre 1985 y 1990), la polémica giró en torno a la preparación, aprobación y aplicación de la LODE y la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE), con especial discusión sobre la participación y la comprensividad. Agotados estos filones, se encontraron otros muy prometedores como el de las humanidades, la enseñanza de la religión y ahora el asunto estrella (totalmente inadvertido antes) de la Educación para la Ciudadanía, que eclipsa a cualquier otro".

Este ex ministro cree que se trata claramente de una "politización interesada". "Los partidos están convencidos de que obtienen ventajas políticas en el mantenimiento de la tensión con un pretexto u otro. La enseñanza se convierte en campo de tiro o terreno para simulacros bélicos. Cada nuevo asunto que se saca de la chistera actúa como eficaz marcador identitario con cuerda para un lustro o dos".

La utilización política se ve también en las comunidades. Algunas gobernadas por el PP resaltan a menudo la mala situación de la educación pública; otras del PSOE ponen pegas a la concertada religiosa. El País Vasco ha apostado por ambas redes con el objetivo de fondo de euskaldunizar a toda la población. En Madrid, el Gobierno regional ha apostado por impulsar los conciertos. Se ha convertido en la segunda comunidad de España con más concertada (véase gráfico). Y la polémica en Cataluña o en Galicia se produce por el impulso de sus lenguas oficiales.

El portavoz de Educación del Grupo Popular en el Congreso, Juan Antonio Gómez Trinidad -que fue director general de Educación de La Rioja durante 12 años y es catedrático de instituto- reconoce también que la educación está cada vez más politizada. "Se está haciendo una instrumentalización de los currículos en función de programas políticos, por ejemplo, sobre historia o geografía, en algunas comunidades".

"Educar es una tarea política en el sentido amplio de la palabra. Otra cosa distinta es cuando se hace una utilización interesada de la educación. No se puede imponer a todos lo que piensan unos pocos. Éste es el error que ha cometido el Gobierno con Educación para la Ciudadanía". Gómez Trinidad expone la posición del PP sobre esta polémica: "Se ha intentado dar como admitido por todos lo que algunos pueden no compartir. Es legítima esa concepción distinta". ¿Sobre qué en concreto? "Hay gente que no comparte que se enseñe que la opción sexual está biológicamente determinada y que lo cultural no influye", responde Gómez Trinidad. "Lo que no se puede decir es que una determinada concepción es la del Estado, esto es lo que defiende el PP, que se pueda objetar si no se está de acuerdo con esto, pero no hemos incitado a la objeción ni hemos incumplido la ley".

Su homóloga del Grupo Socialista en el Congreso y también responsable de Educación en la Ejecutiva del PSOE, Cándida Martínez -que ha sido consejera de Educación de Andalucía durante ocho años-, desdramatiza el problema: "Se habla mucho de esta politización, de la confrontación, pero en el día a día de los centros escolares estas cosas se notan menos, no afectan. Es más un debate mediático o político. Afecta a los centros sólo cuando se dan situaciones como la enseñanza de Educación para la Ciudadanía en inglés en la Comunidad Valenciana porque se pone al profesorado en una situación complicada y eso sí crea tensión en los centros escolares. Ya va siendo hora de que pongamos en valor los acuerdos que hay sobre cuestiones básicas como la lucha contra el fracaso escolar y apuntar soluciones, no estar resaltando constantemente las diferencias". Esta portavoz socialista en la Cámara baja dice que "el modelo educativo es el que es, es estable y ha avanzado mucho, y es bueno que haya cada vez más acuerdos, pero se están produciendo entre comunidades en la Conferencia Sectorial".

Algunos mensajes políticos están provocando que las familias de las clases medias

aparentemente laicas estén llevando a sus hijos a colegios concertados religiosos, porque se dice que los públicos están llenos de inmigrantes y baja el nivel de estudios. "Son mensajes políticos interesados, a favor de la concertada religiosa", opina el catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza Julián Casanova. "Detrás de todo hay una utilización política de la religión en un país que ya no es tan religioso como antes pero que tiene cordones umbilicales con ella".

El sociólogo Enrique Gil Calvo resalta, aparte de la influencia de la Iglesia y de los gobiernos autónomos, una cuestión parecida: "La sociedad civil no sólo ha tolerado sino que ha aceptado esta politización. La ciudadanía no tiene una conciencia profunda de para qué sirve la educación. De forma que la clase media progresista no tiene inconveniente en dar a sus hijos enseñanza religiosa concertada porque selecciona según las relaciones sociales y no según la calidad. Piensan que se colocarán en la sociedad por lo mucho que liguen, por la influencia de relaciones que establezcan y esto hace que les sea indiferente si la enseñanza está politizada o no. No tienen voluntad de excelencia sino que lo ven como un instrumento de relación y esto favorece la instrumentalización de la enseñanza por la clase política".

El recuerdo de la época en la que se debatió la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE) sigue provocando pesadillas a los líderes socialistas que gobernaban entonces. La Iglesia salió a protestar a la calle. Las imágenes de la época en las que se ve a las monjas y los curas bajando por la madrileña Castellana entre 1983 y 1985 lo evidencian. Ahora, 25 años después, han vuelto a salir contra la Ley Orgánica de Educación (LOE), sobre todo por Educación para la Ciudadanía.
"Las órdenes católicas habían ocupado la educación de forma masiva por la debilidad del Estado. Ya el Gobierno de UCD encontró mucha resistencia por parte de la Iglesia", explica el sociólogo y político socialista José María Maravall, ministro de Educación en la época de la LODE (entre 1982 y 1988). El 40% de los niños escolarizados en EGB en uno de los últimos cursos del franquismo (1976-1977) estudiaba en congregaciones religiosas católicas. Había 5,5 millones de alumnos ese año, casi tres millones de los cuales estaban en centros católicos. Ya entonces eran subvencionados por el Estado. En las décadas anteriores del franquismo su influencia era aún mayor.


"Hacia 1955, sólo uno de cada cinco centros de enseñanza media pertenecía al Estado, el resto eran sobre todo de los escolapios, jesuitas y dominicos", relata el historiador Julián Casanova. "En esas fechas había 70.000 alumnos en centros públicos en España frente a 170.000 confesionales católicos. Es una cifra ridícula, teniendo en cuenta que la población rondaba los 30 millones de habitantes. Con esa política, desde el Estado y la Iglesia se estimulaba la ignorancia", prosigue Casanova.

En 1970, con la Ley General de Educación (la que implanta la EGB, el BUP y el COU, que toma su nombre del ministro de entonces) se empezaron a construir más colegios públicos, pero la presencia de los centros religiosos era abrumadora y el Estado no tenía medios para construir una red pública alternativa. "Cuando ya sí los tuvo, a finales de los ochenta, se hubiera podido montar una alternativa pública clara", prosigue Casanova. "El PSOE no lo hizo por la presión de la Iglesia y porque tenía que afrontar muchas batallas a la vez: el aborto, el divorcio, la defensa de una sociedad laica, el golpe de Estado [1981], el terrorismo".

Elías Yanes, arzobispo emérito de Zaragoza y ex presidente de la Conferencia Episcopal (1987- 1993), da su visión de esa época en el libro Entrevistas con doce obispos españoles, de Isidro Catela. El religioso hace referencia a la importancia que tiene para la Iglesia mantener "la integridad de su doctrina" cuando se producen conflictos educativos de tipo moral. En los inicios de la democracia, discutían lo que se debía explicar del aborto en las aulas, un debate que, de fondo, tiene cierto paralelismo con el actual sobre Educación para la Ciudadanía: "Fue en la época de Maravall. Se trató del conflicto surgido con los llamados catecismos escolares, que eran en realidad libros de texto en los que se incorporaron casi textualmente las fórmulas del Concilio Vaticano II sobre el aborto. En el ministerio pensaban que en los centros oficiales no se podía enseñar una doctrina que estaba en contradicción con las leyes del Estado. Ése fue el problema de fondo. (...) La Iglesia mantuvo su posición. No hubo voluntad de que de aquella situación salieran vencedores ni vencidos, pero creo que se mantuvo la integridad de la doctrina, buscando expresiones adecuadas para que nuestra postura fuera mejor comprendida".

Maravall recuerda bien esa época: "La Iglesia siempre vio una amenaza en la expansión del Estado. Cuando se extendió la educación obligatoria a los 16 años, en 1990, les preocupaba a cargo de quién se haría", explica. La LODE establecía el sistema de financiación de los conciertos. Éste fue el quid de la cuestión, lo que levantó las quejas de las instituciones católicas. Se regularon a cambio de una serie de obligaciones, las mismas que tenían los públicos: respetar los derechos laborales de los profesores, la libertad de conciencia de los alumnos (no les podían obligar a ir a misa, por ejemplo) y las reglas de admisión de alumnos debían ser las mismas que en los centros públicos.

¿Es posible que algún día se llegue a un pacto de Estado en educación? Iglesia, PP y PSOE dicen que se debería poder lograr. Es en lo único que coinciden. Julián Casanova pone la nota de escepticismo: "Claro que sería posible, ya habría sucedido sin la Iglesia, pero con ella por medio es impensable. En España, la Iglesia está metida en las negociaciones de la educación. En cualquier otro país sería impensable".